La Huella Ecológica del Ser Humano

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) Casilda presenta nuevamente un debate sobre la capacidad del planeta para sostener la vida y actividades humanas, y también algunos de los riesgos y peligros que se enfrentan al continuar con las costumbres adquiridas.

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Hoy traemos nuevamente a debate la capacidad del planeta para sostener la vida y actividades humanas, y también algunos de los riesgos y peligros que enfrentamos al continuar con nuestras costumbres.

Por un lado, en estos últimos días fuimos partícipes u observadores de “catástrofes naturales”, como huracanes y tornados más violentos y de mayor amplitud de superficie afectada, producto del cambio climático.

Pero por otro, encontramos que este año la especie humana está utilizando 1,7 planetas (un 70% más de su capacidad) para desarrollar sus actividades y satisfacer sus “necesidades”, superando el 1,5 planetas que hace pocos años se decía que íbamos a requerir en el año 2030. Más de uno se preguntará cómo es esto posible si los avances de la ciencia permiten alcanzar mayores rendimientos en los cultivos y somos cada vez más eficientes. Esto se debe al simple hecho de que nuestros patrones de consumo global y las prácticas productivas son ambiental y socialmente menos eficientes y económicamente más vulnerables y menos factibles en el tiempo.

Hacía mediados de la década del ‘80 necesitábamos 2,5 hectáreas de recursos para producir 1 hectárea y a comienzos de 2010 ya requeríamos un 95% más, es decir algo más de 5 hectáreas para producir en la misma superficie de cultivos. Esto es así porque no estamos produciendo con la misma calidad y, además, nos volvimos dependientes de insumos que, a su vez, requieren un cierto volumen mayor de recursos para producirse. De esta forma, el consumo global mundial resulta superior a la capacidad del planeta. Aquí la pregunta, si adaptamos el planeta a la humanidad o viceversa no tiene discusión. La Tierra y la Naturaleza cuentan con mejores mecanismos de adaptación y readaptación, y pueden continuar su existencia sin nosotros. En cambio, los humanos no podemos vivir sin ellos, y las huellas que dejamos están generando cicatrices tan amplias y profundas de las que no podremos salir una vez que caigamos en ellas. Nuestro andar despreocupado por el mundo está dejando un rastro difícil de evadir y nuestra vida diaria se está haciendo cada día más difícil a medida que destruimos el lugar donde vivimos que nos da de comer.

Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) Casilda.

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