08/01/1820 - Sublevación de Arequito

El ejército del Alto Perú, al llegar a la Posta de Arequito sublevó a los Regimientos de Dragones y de Húsares y a los Regimientos 2 y 10 de infantería, que constituían la mayor parte del Ejército del Norte, declarando que no aceptaban continuar con los enfrentamientos que imponía la guerra emprendida por el gobierno de Buenos Aires para consolidar su hegemonía.

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Los caudillos José Gervasio de Artigas y Estanislao López, unidos al chileno Carrera, desconocieron al gobierno nacional, y en son de guerra invadieron la provincia de Buenos Aires, que permanecía fiel a la autoridad del Director Supremo, general José Rondeau. Éste, que no tenía fuerzas suficientes para defender la capital ni para escarmentar a los invasores, decidió involucrar estos efectivos para doblegar la resistencia que le oponía la provincia de Santa Fe, y para ello ordenó a los ejércitos de los Andes y auxiliar del Alto Perú que, sin pérdida de tiempo, bajasen a Buenos Aires para “salvar al país de la anarquía”. San Martín desobedeció estas órdenes, declarando que jamás intervendría en contiendas civiles y, asumiendo la responsabilidad de sus actos, se dedicó a ultimar su expedición al Perú.

Pero el ejército del Alto Perú, que ya no mandaba Manuel Belgrano sino que estaba bajo las órdenes del general Francisco Fernández de la Cruz y el coronel mayor Juan Bautista Bustos, como Jefe de Estado Mayor, acató lo dispuesto por el Director Supremo, emprendió la marcha hacia la capital y el 8 de enero de 1820 llegó a la Posta de Arequito, en las costas del Río Carcarañá (Santa Fe). Y allí, estimulados e inspirados por los sucesos producidos en Tucumán el 10 de noviembre del año anterior, que provocaron la caída del gobernador Mota Botello y la instalación de la República de Tucumán, el coronel mayor Juan Bautista Bustos, acompañado por el coronel Alejandro Heredia y por el comandante José María Paz, que tan brillante papel hizo más tarde en la guerra del Brasil y en las campañas contra Quiroga y demás caudillos del interior, sublevaron a los Regimientos de Dragones y de Húsares y a los Regimientos 2 y 10 de infantería, que constituían la mayor parte del Ejército del Norte.

Estos tres jefes lograron la adhesión de estos veteranos combatientes, declarando que no aceptaban continuar con los enfrentamientos que imponía la guerra emprendida por el gobierno de Buenos Aires para consolidar su hegemonía y que se negaban a participar en las rencillas del Directorio, sustrayéndose de su verdadero deber, que era la expulsión de los realistas, pero la historia concluye que la verdadera razón que fundamentó este movimiento, fue que los cabecillas del motín no aceptaban la orden de combatir contra Estanislao López, caudillo de Santa Fe, alzado contra el poder central y aliado de Bustos en su lucha contra Buenos Aires.

Al día siguiente, (...) el general Fernández De La Cruz resignó el mando, entregando el ejército a Bustos. 

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